En la foto: Sobrevivientes del Holocausto protestan contra
la embajada polaca en Tel Aviv (AFP) La disputa entre Polonia e Israel por el
recuerdo y la interpretación del Holocausto comenzó hace más de un año, cuando
la entonces primera ministro Beata Szydło, al mando de un gobierno
ultraconservador, anunció sus intenciones de establecer una ley que penara con
prisión a quien sostuviera en público la responsabilidad de los polacos en la
masacre perpetrada por los nazis.
En su momento esta idea generó fuertes rechazos y un debate
en torno a la expresión «campos de exterminio polaco», concepto que
deriva del hecho de que los principales campos fueron instalados por los nazis
en Polonia, que aún no pudo ser saldado.
Szydło dejó el cargo pero su proyecto avanzó y la ley se
aprobó a fines de enero de este año, reavivando viejas heridas y dando pie a
una crisis diplomática entre lo gobiernos de Polonia e Israel.
El presidente polaco Andrezj Duda firmó la norma en febrero
y subió la apuesta, aunque la envió también al Tribunal Constitucional para que
se expresara al respecto.
Por su parte el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu
advirtió en respuesta que «no podemos cambiar la Historia y el Holocausto
no puede negarse».
También los gobiernos de Estados Unidos y Francia, y las
organizaciones judías internacionales, criticaron la ley que establece hasta
tres años de prisión y fuertes multas para quien exprese la idea de que hubo
responsabilidad polaca en el genocidio encarado por Alemania tras la ocupación
del país.
Una escena de muerte y destrucción en Auschwitz, el más
grande los campos de exterminio establecidos en Polonia
Una escena de muerte y destrucción en Auschwitz, el más
grande los campos de exterminio establecidos en Polonia
El principal argumento es que esto podría impedir a las
víctimas hablar de instancias de sufrimiento a manos de colaboradores polacos
con el régimen de ocupación, que están debidamente documentadas.
Pero el gobierno del partido conservador y nacionalista Ley
y Justicia (PiS, en polaco) se mantuvo firme, y el primer ministro polaco
Mateusz Morawiecki afirmó el sábado que «hubo perpetradores polacos del
Holocausto así como hubo perpetradores judíos», agitando aún más las
aguas.
Especialistas y académicos irrumpieron este miércoles en la
polémica para referirse específicamente a esta frase de Morawiecki y ahondar en
su origen y sus efectos, citados por el Times of Israel.
En la inmediata posguerra, policía judía en un campo de
refugiados detiene a un ex “kapo”, un colaborador judío (Museo del Holocausto
de Estados Unidos)
En la inmediata posguerra, policía judía en un campo de
refugiados detiene a un ex “kapo”, un colaborador judío (Museo del Holocausto
de Estados Unidos)
Técnicamente, Morawiecki tiene razón en hablar de
«perpetradores judíos», ya que hubo prisioneros que, bajo la amenaza
de muerte, colaboraron con los carceleros en tareas de administración y
gerencia de los campos de concentración.
De hecho, hasta el año 1972 se realizaron en Israel
numerosos juicios en contra de estos colaboradores, destacó Rivka Brot, una
investigadora de la Universidad de Bar-Ilan que realizó su tesis precisamente
sobre estas instancias en la posguerra.
Incluso antes de la fundación de Israel, en 1948, ya se
habían establecido cortes comunales entre los judíos para juzgar estos hechos,
aunque fuera «simbólicamente» ya que no poesían autoridad.
Los prisioneros judíos que colaboraron lo hacían bajo la
amenaza inmediata de muerte
Brot consideró que el elemento ofensivo en los dichos de
Morawiecki no es que mencionara al colaboracionismo judío, sino que los elevara
al mismo nivel que el polaco.
«Los prisioneros judíos que colaboraron lo hacían bajo
la amenaza inmediata de muerte», dijo Brot al Times of Israel. «Los
polacos sufrieron mucho bajo el dominio nazi, pero la mayoría no sufrió las
mismas circunstancias que los judíos destinados al exterminio», agregó.
Los típicos colaboradores judíos eran los llamados
«kapos», funcionarios y agentes de seguridad dentro de los campos y
los ghettos, designados entre los prisioneros por los nazis.
Acusados de crímenes de guerra, entre los cuales aparecen
cuatro “kapos” del campo de concentración de Dora-Mittelbau (Museo del
Holocausto de Estados Unidos)
Acusados de crímenes de guerra, entre los cuales aparecen
cuatro “kapos” del campo de concentración de Dora-Mittelbau (Museo del
Holocausto de Estados Unidos)
Hubo también casos de judíos que entregaron a otros judíos
escondidos, a cambio de que sus familiares fueran salvados de la muerte. El más
famoso es el de Stella Kubler, que persiguió judíos durante toda la guerra a
cambio de que no deportaran a su padres a los campos de exterminio.
No todos los «kapos» eran judíos, algunos
provenían de otras minorías encarceladas en los campos, como los testigos de
jehová, los romani, los sinti, prisioneros de guerra polacos, prisioneros
políticos e incluso criminales comunes
alemanes.
Por esta razón algunos judíos enjuiciados sostuvieron en su
defensa que aceptaban ser «kapos» para proteger a los judíos de
agresiones dentro del campo.
La acusación puede parecer similar, pero el contexto en el
que actuaban es radicalmente distinto
Un caso aparte lo constituían los «jueces» que
formaban parte de los «judenrats», tribunales de justicia dentro de
los ghettos que respondían entre los alemanes.
Dina Porat, directora de historia en el museo del Holocausto
Yad Vashem en Israel, explicó que muchos acabaron suicidándose antes que
aceptar impartir las condenas, mientras que otros aceptaron colaborar por miedo
a represalias contra el ghetto.
También hubo casos de algunos que se regodearon en el poder.
Esa fue la experiencia de Chaim Mordechai Rumkowski, que prácticamente dirigía
el ghetto de Lodz como un rey, emitiendo moneda con su retrato y decidiendo
quién era enviado a los campos de exterminio, especialmente los niños.
Como ilustración de lo que significaba ser un colaborador
judío, cuando Rumkowski dejó de ser útil para los nazis fue enviado a su muerte
al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Pero su reputación lo precedía:
no murió en la cámara de gas, sino que fue golpeado hasta la muerte por los
prisioneros judíos a poco de llegar.
Porat sostiene que efectivamente los colaboradores judíos
eran despreciados por los demás judíos, pero la comparación con los
colaboradores polacos «es moral e históricamente falsa por complejo
espectro de colaboración».
Esta complejidad no aplica a los polacos, quienes no
actuaban contra los judíos ante la amenaza de muerte sino por búsqueda de un
beneficio o incluso por antisemitismo.
«La acusación puede parecer similar, pero el contexto
en el que actuaban es radicalmente distinto», concluyó.
La distorsión de la historia de parte del gobierno polaco al sostener que los judíos participaron en el Holocausto
22/Feb/2018
Infobae